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LOS PRINCIPIOS DEL ENTRENAMIENTO

Jorge Belloso (Licenciado en Educación Física)

Cuando por primera vez nos ponemos a “entrenar” a un grupo de niños en cualquier modalidad deportiva, sin lugar a dudas nos invaden infinidad de preguntas en torno a que hacer, cuanto tiempo debo dedicar a determinada tarea, como enfrentarme a la competición,… sin embargo rara vez nos cuestionamos que es lo que no debo hacer a determinada edad o cuando debo trabajar determinados aspectos como la fuerza, o la velocidad.

En el presente texto voy a tratar de exponer algunas de las guías y reglas (basadas en las ciencias biológicas, psicológicas y pedagógicas) que sistemáticamente dirigen el proceso global de entrenamiento. Debemos tener en cuenta que por mucho que entrenemos no es posible mejorar ni progresar si no se siguen estos principios. No voy a analizar todos sino aquellos que por su implicación en el deporte escolar debemos tener en cuenta a la hora de trabajar con niños. Todos ellos se relacionan entre sí y garantizan la aplicación correcta de todo el proceso de entrenamiento.

Principios biológicos

Generalmente no tenemos ningún problema en aceptar tanto desde el punto de vista de la educación como en el entrenamiento deportivo que existe la necesidad de un desarrollo multilateral para adquirir una especialización posterior, sin embargo son raras las ocasiones en las que trabajamos de esta manera. Si pensamos fríamente lo mejor para nuestros deportistas llegamos a la conclusión que con una preparación multifacética se obtienen mejores resultados a largo plazo. Este trabajo que responde al principio de desarrollo multilateral trata de desarrollar integralmente al niño/a a través de contenidos de preparación física, técnica y táctica general. A mayor cantidad de conductas motrices (movimientos dominados por el deportista) mejor será la capacidad de asimilación de nuevas técnicas y métodos de entrenamiento más complicados, partiendo del principio de que los aprendizajes nacen sobre la base de otros ya adquiridos (aprendizaje significativo). Es por tanto, un principio fundamental en niños o niñas y jóvenes haciendo incidencia en el trabajo de todas las cualidades físicas, así como de la práctica de diferentes deportes en las primeras edades. Del desarrollo multilateral pasaremos progresivamentea la especialización.

Probablemente a ningún entrenador de un equipo escolar de categoría benjamín se le ocurría hablar de dieta antes de un partido o competición, sin embargo si que podemos encontrarnos con que el mismo entrenador plantea, a jugadores alevines, algunas recomendaciones para la cena o desayuno anteriores a un partido. Pues bien este mismo ejemplo llevado a aspectos físicos como al aumento de sesiones de entrenamiento o a la duración de las mismas es lo que debemos buscar en nuestros entrenamientos, es decir debemos buscar el principio de progresión en volumen, intensidad, complejidad de las tareas, etc. Si el trabajo a realizar se mantiene igual a lo largo del tiempo llegara un momento en el que contribuya muy poco o nada al desarrollo de la capacidad de rendimiento físico, técnico ó psicológico. Probablemente obtengamos mejoras, pero estas serán debidas a otros factores externos como el aumento de talla, de fuerza,… y no al entrenamiento. El orden metodológico para aplicar esta progresión lenta de un entrenamiento de la condición física según Harre, sería primero un aumento de la frecuencia de entrenamiento (número de sesiones), posteriormente un aumento del volumen de entrenamiento (mayor duración de las sesiones), en tercer lugar iría un aumento de la densidad (más cantidad de trabajo en el mismo tiempo), y finalmente un aumento de la intensidad del estimulo.

En otro orden de cosas somos conscientes que las exigencias del entrenamiento actual (sobre todo en cuanto al volumen), implican repetir un gran número de veces ejercicios, tareas o sesiones de entrenamiento, lo cual conduce, en muchos casos, a la apatía, el aburrimiento y la monotonía (produciendo cansancio, desgana, barreras de carácter técnico, estancamientos,...), sobre todo en aquellos deportes con predominio de la resistencia o con elementos técnicos de gran precisión y complejidad. Para paliar esta situación debemos tener presente el principio de variedad según el cual debemos contar con un gran repertorio de ejercicios y tareas de entrenamiento. Estos ejercicios tienen que ser cuidadosamente seleccionados para que contribuyan de igual manera al desarrollo de las capacidades condicionales o de los elementos técnicos objeto de desarrollo. La riqueza motriz y el alto número de experiencias que el niño o niña necesita para su formación hacen de este principio uno de los más importantes en estas edades, además nos servirá para huir de la monotonía y el aburrimiento dos grandes enemigos.

Siguiendo otro de los principios debemos ser conscientes de que la única manera de alcanzar las adaptaciones deseadas es aplicando el principio de repetición y continuidad es decir repetir los estímulos de entrenamiento hasta alcanzar dichas adaptaciones. Esta repetición va a garantizar en primer lugar la fijación de hábitos y conocimientos, posteriormente la estabilidad de la técnica, y por último la adquisición de experiencia. En la actualidad se tiende a que los periodos de descano sean reducidos y que en ellos se realice alguna actividad física de poca intensidad. Debemos pensar que un entrenamiento muy distante de otro no producirá un efecto positivo de adaptación. Pero si un esfuerzo se repite habiendo desaparecido totalmente los efectos del anterior no existe desarrollo funcional y si se repite sin que el deportista haya descansado del esfuerzo anterior el nivel funcional desciende.

Debido a multitud de razones (Herencia, madurez, nutrición, descanso/sueño, nivel de condición, motivación, ambiente, etc.) cada deportista responde de forma diferente al mismo estímulo de entrenamiento. Las adaptaciones se producen con diferente ritmo de adquisición y duración, es por ello por lo que debemos aplicar el principio de individualidad. Tanto los objetivos como las tareas, la carga, los ejercicios, los métodos y otros aspectos del entrenamiento se deben adecuar lo máximo posible a las características individuales de cada sujeto. Esto no quiere decir que desde edades jóvenes tengamos que hacer planes de entrenamiento individualizados para cada sujeto, pero si que podemos incluir partes de los entrenamientos destinados a determinados deportistas. Por ejemplo la utilización del calentamiento para trabajar puntos los débiles o las zonas propensas a lesiones es una manera de aplicar este principio. Otra manera podría ser no mandar correr tres vueltas al campo, sino diez minutos, de manera que unos deportistas correrán más metros que otros pero la tarea es la misma para todos.

Principios pedagógicos

La relación que se establece entre el entrenador y el deportista debe permitir la existencia de una comunicación que vaya no solo del entrenador hacía el deportista, sino también en sentido inverso, es decir que el propio deportista sea capaz de transmitir al entrenador sus sensaciones y opiniones ante determinadas tareas. Lógicamente para que se de el principio de participación activa y consciente del entrenamiento el deportista debe tener un conocimiento básico sobre lo que se realiza y porqué se realiza, lo que implica que el entrenador debe explicar los objetivos y contenidos de lo que se hace en cada momento. Esta labor de interiorización de la práctica deportiva permite acumular experiencias y conocimientos que permitirán al deportista entrenarse con mayor efectividad y participar con éxito en las competiciones.

Al trabajar con jóvenes deportistas, uno de los objetivos es que se diviertan y aprendan al tiempo que hacen ejercicio físico. Pues bien esto difícilmente puede ser conseguido si planteamos tareas imposibles de conseguir. Debemos tener en cuenta el principio de accesibilidad según el cual las cargas de entrenamiento (duraciones, intensidades, recuperaciones,...) deben adecuarse a las posibilidades del joven deportista. La motivación hacía el ejercicio físico está ligada a la gratificación de su práctica (adaptada al individuo) y al éxito del mismo, por lo que la tarea debe ser accesible en el plano condicional, coordinativo, técnico, táctico y psicológico.

Por último, debemos tener en cuanta en todo momento que estamos trabajando con niños por lo que una demostración eficaz es el mejor modo de que comprendan las tareas que les solicitamos. Esto esta en relación con el principio de evidencia, según el cual la verbalización sólo es posible después de demostración en la cual debemos señalar los puntos más importantes para la ejecución, los fundamentales. Sin embargo estas demostraciones deben estar adaptadas al nivel de los deportistas, ya que no podemos hacer una demostración de un pase de una banda a otra para explicarles como se realiza un pase en corto.

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