El tratamiento de la información en el deporte base
Luis Aparicio Hernáez.. Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte
El tratamiento de la información y la comunicación entre el entrenador y sus deportistas en el deporte base es fundamental, siempre que entendamos que los segundos están en un periodo de aprendizaje, donde el feedback o la retroalimentación que se les proporcione, puede influir de diferente manera en función del tipo, la cantidad de información y el momento en que ésta se da.
Aclarando brevemente lo que significa el concepto de feedback, consideramos este término como la información que el deportista recibe sobre el carácter, adecuado o inadecuado, de una acción de juego o gesto técnico determinado. Sin esta información regular no sería posible un progreso continuo en el nivel de aprendizaje de nuestros jóvenes, ya que el feedback sobrepasa la simple información sobre el éxito o fracaso de dichas acciones o gestos, aportando otro tipo de indicaciones para mejorarlos o corregirlos.
Existen numerosas clasificaciones y tipos de feedback, que paso a describir de forma breve, con la única intención de mostrar las numerosas posibilidades que existen de tratar la información. Según su origen: interno -información que recibe el sujeto sobre su propia ejecución a partir de sus receptores sensoriales- y externo -que es el que nos concierne en este artículo y que consiste, fundamentalmente, en la información que recibe el sujeto por parte del entrenador sobre el carácter adecuado o inadecuado de la respuesta dada por dicho sujeto -. Según el momento en que se proporcione: concurrente -mientras se ejecuta la acción-, terminal -al terminar la acción- y retardado -tras cierto tiempo después de terminar la acción-. Según el canal de transmisión: auditivo, visual y táctil. Según a quien va dirigido: a un deportista, a un grupo de deportistas o al equipo entero. Según su función: descriptivo -“has dado el pase sin mirar”-, comparativo -“lo has hecho mejor que antes”-, evaluativo -“muy bien”, “regular”, “un diez”-, explicativo -“has dado mal el pase por no mirar”-, prescriptivo -“colócate en el segundo palo”- y afectivo -“vamos”, “venga”-.
Tras analizar el término y los tipos de feedback, me gustaría profundizar en aspectos más prácticos y útiles para el trabajo diario en los entrenamientos y competiciones del deporte base, que nos ayuden a optimizar la trasmisión de la información en cada una de las situaciones.
En una acción deportiva determinada, nuestros deportistas reciben información sobre la ejecución técnica por un lado y sobre el resultado por otro. Por ejemplo, en el gesto técnico de pasar un balón en fútbol: el jugador recibe información de cómo ha colocado las piernas y del resultado, si el pase ha llegado o no a su destinatario. Si el conocimiento de los resultados nos lo facilita la tarea, como en el caso de tirar a canasta, el jugador ya ve si ha metido la canasta o no, los técnicos deberán reforzar más el conocimiento de la ejecución que es más difícil de apreciar. Normalmente, si el entrenador le da mucha importancia a la ejecución, se la está quitando al resultado y viceversa.
El momento adecuado para proporcionar información, depende de la situación en que nos encontremos. Suele ser apropiado realizar feedback durante la ejecución, pero siempre en su justa medida, porque es tan malo no darlos, como darlos en exceso. Normalmente y sobre todo en principiantes, los técnicos suelen cometer el error de proporcionar demasiados feedback a sus jugadores de forma continuada, cortando de esta manera la posibilidad de que el niño reciba un feedback interno y afectando de manera negativa el desarrollo del mecanismo de decisión, que en esas edades precisamente es donde empieza a aparecer. Si a esto le sumamos que en los deportes colectivos, todos los “padres” están en la banda diciendo a sus hijos lo que tienen que hacer, al final convertimos a nuestros deportistas, no olvidemos en periodo de aprendizaje, en pequeños jugadores “teledirigidos” por nosotros mismos, sin darles la opción de experimentar las diferentes situaciones del juego, siendo éste un aspecto que suele adelantar mucho su aprendizaje.
Por todo ello, resulta muy importante no hacer dependiente al niño del feedback hasta el punto de verlo como algo necesario, porque nunca será capaz de defenderse en una situación deportiva de forma autónoma. El entrenador por tanto, deberá ir disminuyendo la cantidad de feedback, a medida que su deportista va mejorando.
En otras situaciones, tardar en dar el feedback no afecta demasiado, siendo incluso más eficaz el dejar un tiempo para que el sujeto analice por sí mismo si lo ha hecho bien o mal y busque los porqués (feedback interno), desarrollando de una manera más eficaz su percepción sobre esa tarea motriz o gesto técnico. Por ejemplo, si estamos entrenando la técnica de paso de vallas, puede ser interesante antes de decirle las correcciones al deportista, darle unos segundos para que él mismo te lo diga en voz alta y sea capaz de analizar su propia ejecución.
Hasta aquí estaríamos facilitando el aprendizaje de nuestro deportista, sin embargo, si introducimos otra tarea intermedia antes de dar el feedback, normalmente suele resultar perjudicial, a no ser que tengan una buena transferencia entre ambas. Por ejemplo, no suelen resultar adecuadas informaciones como: “antes lo tenías que haber hecho así”, como tampoco resulta apropiado adelantarnos en una progresión, dando información que no es necesaria en ese momento.
Si con todo lo visto anteriormente, ya tenemos alguna indicación de la aplicación del feedback en determinadas situaciones, conviene también mostrar algunos problemas de comunicación que pueden aparecer durante una competición y que considero que un buen técnico debe conocer: Se pueden dar problemas de comunicación técnicos, como un entrenador que “grita” a sus jugadores desde la banda en un campo enorme, un día de mucho viento; o un entrenador que quiere dar información a un nadador mientras éste está en el agua. También se pueden dar problemas de significado, por ejemplo el entrenador puede dar una información precisa, pero el niño entenderla diferente. Y por último, el deportista puede entender correctamente la información que le da su entrenador, pero no es capaz de desarrollar la conducta motriz que se le indica. En todos los casos, el técnico debe de ser capaz de analizar lo que está pasando y escoger la mejor opción para solucionar cada uno de estos problemas.
Con este artículo y sin profundizar demasiado en un tema tan complejo como puede ser el feedback, me gustaría haber aportado mi granito de arena en el desarrollo de nuestros niños en el deporte base.