¿QUÉ HACER PARA RECUPERARME ANTES?
El segundo de los objetivos de la fisioterapia deportiva es la vuelta de los deportistas lesionados a su nivel previo de competición a la mayor brevedad posible. En este artículo hablaremos de la importancia de los servicios médicos como el mejor modo de alcanzar este objetivo llevando a cabo una evaluación inicial, aplicando un tratamiento inmediato y confeccionando un programa de rehabilitación.
De este modo, podemos establecer nuevos objetivos diferenciando las etapas en las que se encuentra la lesión.
Etapa I. En el momento en el que ocurre la lesión, hay que minimizar el dolor y la hinchazón, proteger la propia lesión y restringir la movilidad. Lo que hará el fisioterapeuta es aplicar hielo, un almohadillado, un vendaje de protección, cabestrillo, dispositivo de inmovilización...
Una vez el lesionado acude a un centro médico, el objetivo en un corto plazo será facilitar el proceso de curación y la desaparición de los síntomas, así como el mantenimiento de la función normal. Para ello el fisioterapeuta colocará un vendaje u otros sistemas de compresión. Como modalidades terapéuticas para tratar los síntomas se cuenta con muchos agentes físicos como el frío, el calor, la estimulación eléctrica mediante corrientes, ultrasonido, masaje... y como agente más importante el ejercicio terapéutico: isométrico del área lesionada y ejercicio general de las partes no afectadas.
Etapa II. Como objetivos a largo plazo serán lograr fuerza, resistencia muscular y cardiovascular, agilidad, retroalimentación sensorial (propiocepción), equilibrio y coordinación, pudiendo llegar al objetivo último de la fisioterapia deportiva enviando al lesionado al entrenamiento normal como lo hacía anteriormente. El fisioterapeuta seguirá empleando los mismos agentes físicos que en la etapa anterior e irá introduciendo nuevos ejercicios terapéuticos como la hidrobalneoterapia (ejercicios en piscina), entrenamiento psicológico, isométrico, isotónico (concéntrico y excéntrico), isocinético, actividades de resistencia cardiovascular y muscular. Y para finalizar la rehabilitación, actividades progresivas relativas al propio deporte.
La rehabilitación durante este período debe adaptarse a las necesidades específicas que los requisitos del deporte y la posición de juego imponen al cuerpo del deportista y a la parte afectada. A medida que progresa el programa de tratamiento, hay que tomar una decisión respecto a si el atleta puede volver a la competición deportiva con seguridad y, en caso afirmativo, cuándo puede hacerlo. Esta decisión la tomará el médico deportivo, con la ayuda del fisioterapeuta, el entrenador y el deportista. En caso de duda, se sugiere tomar una postura conservadora.
A la hora de recuperarse, influyen diversos factores como el tipo de deporte (por las necesidades intrínsecas y la posición de juego), el momento dentro de la temporada (por si es al principio o al final), si el lesionado practica algún otro deporte, las reglas del deporte (en relación con sustituciones del jugador o por el equipo de protección), las influencias ajenas al deporte (como es la opción a becas o la implicación de los padres o entrenadores en la recuperación), la personalidad del atleta (por su motivación, competitividad, seguimiento del programa y por el umbral del dolor), el tipo y la gravedad de la lesión y el tipo de tratamiento (por si ha precisado intervención quirúrgica...)