EL DEPORTE COMO MEDIO DE INTEGRACIÓN
En las últimas semanas hemos podido leer a través de esta misma sección dos artículos que trataban el tema de la integración desde la óptica de la mujer y de los discapacitados (en concreto de los discapacitados visuales a través del Goalball).
En el presente artículo pretendo abordar el tema de la integración desde el punto de vista social, cultural e incluso religioso. En los últimos años, hemos podido constatar el aumento significativo de personas provenientes de otros países, los cuales traen sus propias culturas, costumbres y, en muchos casos, religiones. Esta pluralidad hace necesaria la incorporación por parte de la sociedad de elementos que sirvan para que estas personas puedan integrarse en nuestra sociedad. Uno de estos elementos, y del que vamos a hablar hoy es el deporte.
En este sentido el pasado mes de noviembre se celebro en Barcelona el VI Foro Olímpico bajo el tema “Deporte escolar; hacía una nueva estructura”, contando con la participación de numerosas expertos relacionadas con el mundo del deporte tanto a nivel nacional como internacional. Uno de los temas que más se trato fue precisamente el de la integración exponiendo los casos de Ceuta, Barcelona y El Ejido. En este ultimo pueblo donde conviven más de 100 nacionalidades de todo el mundo y donde desde las instituciones están empleando el deporte como medio de integración.
El papel que debe desempeñar el deporte en la integración de nuevos colectivos de inmigrantes, así como el impacto de la multiculturalidad en el deporte, requiere de iniciativas que permitan conocer y sensibilizar a los implicados en el deporte (Clubes, AMPAS, directivos, entrenadores, monitores, etc.) sobre la realidad deportiva de la población inmigrante y el valor del deporte como vehículo de integración.
En la mayoría de los casos la situación económica de estas familias dificulta su participación en las actividades deportivas, ya que sus prioridades son de tipo laboral, sin embargo, debemos tratar de conseguir, al menos la incorporación de los niños a esta práctica deportiva. Debemos pensar que dentro de una cancha de baloncesto, de un tatami o de una pista de atletismo no existen diferencias entre los niños, sino que lo que vemos es como unos deportistas desarrollan conjuntamente la misma actividad y con las mismas normas. Por otra parte la inclusión, de estos niños, en la práctica deportiva, así como en otras ofertas de ocio-cultura (música, danza, etc), facilitará su integración y posibilitara que sus hijos estén integrados desde el nacimiento.
La incorporación de estos niños al mundo deportivo es evidente si nos damos una vuelta por las instalaciones deportivas, sin embargo, no es menos cierto que, su participación se da en modalidades que forman parte de nuestra cultura deportiva: fútbol, baloncesto y atletismo mayoritariamente.
Sin embargo no debemos olvidar que en la mayoría de los casos estos niños son hijos de la primera generación de inmigrantes que esta en nuestro país,con lo que el arraigo hacía sus costumbres y tradiciones es muy elevado, en este sentido debemos aprovechar esta circunstancia para potenciar aquellos deportes que forman parte de su cultura deportiva así podemos incluir el voleibol, el bádminton, el keipo, etc.
Por otra parte y en relación con el artículo de la semana pasada sobre la integración de la mujer debemos destacar la dificultad que supone el integrar a mujeres de origen islámico dentro del mundo deportivo. Sin embargo experiencias en las poblaciones anteriormente indicadas nos demuestran que con voluntan se puede lograr, aunque dando pasos muy cortos. Las mujeres magrebíes se expresan en su lengua –el árabe- y pocas tienen un conocimiento del español; como practicantes de su religión hay partes de su cuerpo que no enseñan, como el rostro oculto tras el velo, signo de identidad y de respeto; presentan una falta considerable de experiencias corporales motrices, en especial las más mayores; buscan espacios cerrados vetados a la mirada masculina; pasan gran parte del tiempo en casa atendiendo a los hombres de su familia; y, las que tienen oportunidad, trabajan generalmente en situaciones precarias en sectores como la limpieza o el cuidado de ancianos o niños. Este hecho hace que debamos abordar el tema con precaución marcándonos diferentes fases de trabajo. La primera fase, debe tener como objeto la transmisión de nuevos usos corporales, así como el conocimiento del propio cuerpo como medio de expresión y relación, para en una segunda fase buscar la integración total de estos colectivos
En cuanto a las dificultades en el desarrollo de actividades de este tipo hay que destacar las siguientes. En primer lugar, existen obstáculos para la aceptación de la oferta deportiva por parte de las mujeres musulmanas. El sexo, el origen étnico, el estrato social, la cultura somática y la opinión de los hombres han influido fuertemente para su aceptación. La existencia de cursos complementarios, como de alfabetización, es un buen medio para contactar con las mujeres y lograr su implicación en las actividades deportivas. También resulta importante contar, dentro de la organización, con el apoyo de una persona de confianza que actúe como mediadora.
Un segundo tipo de dificultades afectan directamente al desarrollo de la práctica, en concreto: la lengua, la vestimenta y la escasez de experiencias motrices. Las monitoras deben utilizar mucho la gesticulación, la mímica y el contacto físico con las mujeres para intentar explicar lo que esperan de sus movimientos: el uso de la chilaba y del velo dificultaba las correcciones de las profesoras y limitaba los movimientos y la percepción de nuevas sensaciones corporales; por otra parte, las rígidas reglas que limitan la práctica deportiva de las mujeres en el mundo musulmán es determinante para acumular una carencia de experiencias motrices.
Por último decir que desde el Gobierno de la Rioja se esta trabajando en la elaboración de un documento de compromisos contra el racismo, la discriminación racial y la xenofobia, documento que será presentado a las federaciones deportivas de nuestra comunidad para que adquieran dicho compromiso.