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LA MUJER Y LA ACTIVIDAD FÍSICO-DEPORTIVA: ¿GENÉTICA O CULTURA?

Laura Molina Pedradas (Licenciada en Educación Física (UPM))

En pleno siglo XXI y en los países desarrollados, las desigualdades entre hombres y mujeres continúan existiendo y, según un estudio hecho público en 1993 por la Organización Internacional del Trabajo, "deberán pasar 475 años para que las mujeres alcancen la plena igualdad en los planos superiores de decisión (…)" (Romero, 1995).

Uno de los aspectos en los que más se pone de manifiesto estas diferencias es en el campo de la actividad física.

Es cierto que el sexo femenino se siente menos motivado para la práctica estable de ejercicio, lo cual podríamos presuponer que se debe a razones genéticas, sin embargo, la causa es mucho más compleja y se asocia a los roles que la sociedad ha impuesto tradicionalmente a los hombres y a las mujeres y a la desigual valoración de los mismos (consideración del varón como eje de la existencia).

Estos roles que desempeñamos fielmente en nuestra vida diaria, se sustentan sobre la base de unos estereotipos sexistas (ideas que la sociedad acepta como válidas e inmutables y que fomentan el desarrollo de una serie de papeles sociales en función de nuestro sexo biológico, los cuales no se encuentran equilibrados, sino que están jerarquizados), que vamos a ir viendo.

Aunque encontramos diferencias al analizar la percepción del cuerpo en distintas sociedades o al revisar la Historia, casi siempre hallamos un aspecto común, que consiste en la jerarquización, de manera que la consideración social del cuerpo masculino, resulta mayor que la del femenino.

Teniendo en cuenta esta evolución de la percepción del cuerpo y centrándose en el modelo femenino de la misma, podemos observar como se ha pasado de la dualidad cuerpo-alma hasta el cuerpo-salud, pasando por un cuerpo-reproductivo o el culto al cuerpo, que tantos estragos está causando entre nuestras adolescentes.

Desde otro punto de vista, la mayor parte de las mujeres conciben su cuerpo desde una perspectiva estética, lo cual es consecuencia de los cánones de belleza establecidos en la sociedad actual. Esto puede conllevar una insatisfacción corporal de las chicas, lo cual desemboca en la aparición de enfermedades relacionadas con los trastornos de la alimentación.

En una cultura en la que el tiempo de ocio es cada vez mayor y más apreciado, es necesaria una educación de la juventud para que realice un adecuado uso del mismo. Sin embargo, esta educación encuentra sus diferencias, ya que ambos sexos no disponen de igual manera de su tiempo libre. Y es que aún se detectan desigualdades en cuanto al uso del mismo en los niños y las niñas, de manera que algunas de estas tienen que quedarse en casa durante la tarde ayudando a la madre.

Normalmente, en toda actividad física de alta intensidad, se produce un rechazo por parte de la mujer. Por otro lado, los chicos asumen, e incluso demandan, estos esfuerzos físicos al concebirlos como forma de mejora del rendimiento deportivo, pero pocos aluden a la necesidad de potenciar los parámetros físicos desde la perspectiva de la salud.

Sin embargo, no debemos contemplar estas situaciones como algo innato al sexo, sino que tenemos que plantearnos todos los condicionantes sociales que los chicos y las chicas han vivido con respecto a sus cuerpos. De esta manera, históricamente, el ejercicio femenino de cierta intensidad se ha considerado perjudicial para la maternidad de la mujer, por lo que, no es de extrañar que las alumnas no se muestren motivadas por ejercicios que impliquen un cierto nivel de condición física.

Las categorías masculinas son las que destacan en cualquier manifestación deportiva, también son las que reciben mayor apoyo de los medios de comunicación, las instituciones... la sociedad pone de manifiesto, que "el deporte es cosa de chicos". En el punto contrapuesto, la expresión corporal, la danza, el ritmo… han quedado relegados al ámbito femenino.

Pero existe una importante diferencia entre las "actividades masculinas y las femeninas" y es que, si bien el deporte es socialmente valorado; la danza, la expresión.... se relacionan con la feminización del ejecutante. Todo esto trae como consecuencia el que la mujer se incorpore gradualmente a los modelos masculinos de trabajo físico, mientras que el hombre no varía en sus creencias (en la mayoría de los casos), observando grandes carencias motrices que, aunque son importantes, quedan relegadas a un segundo plano al no ser valoradas socialmente.

En un principio, no se observan diferencias en la capacidad inicial de aprendizaje con respecto a habilidades, precisión, equilibrio y componentes rítmicos del movimiento.

Por otro lado, las diferencias en cuanto a las capacidades físicas de los chicos y las chicas, son muy pequeñas y comienzan a manifestarse a partir de la pubertad; en este sentido, la velocidad y la agilidad, no ofrecen diferencias, al igual que sucede con el equilibrio; la fuerza favorece a los varones (debido a la testosterona) y la resistencia, podría considerarse neutra. Así, podemos afirmar que la mayor parte de las diferencias en cuanto a competencia motriz, se derivan de la influencia social (familias, medios de comunicación, grupo de iguales…).

Los roles de las chicas al practicar ejercicio físico van desde las "deportistas atletas" (alto nivel de rendimiento motriz y por tanto, reconocidas por sus compañeros), hasta las " cheerleaders" (poco hábiles, participan poco en la actividad, dedicándose a animar a sus compañeros varones), pasando por las "almas perdidas" (poseen un bajo nivel motriz por lo que intentan pasar totalmente desapercibidas en el juego).

Las familias esperan un mayor desarrollo de la agresividad y la competitividad en sus hijos varones, con lo que orientan estas reacciones hacia la consecución del éxito. Como consecuencia, se produce una búsqueda de éste por parte de los chicos, renunciando a participar en aquellas actividades físicas en las que no pueden competir, mientras que las chicas se ven cohibidas por esta situación y rehuyen a participar en las mismas.

De hecho, se ha comprobado que las chicas le otorgan a la actividad física la utilidad principal de mantener la salud y el bienestar, mientras que en los chicos, lo que prima es la competición.

El proceso de construcción social del cuerpo (familias, escuela, medios de comunicación, publicidad…) implica que el músculo se relacione con lo masculino y la fragilidad con lo femenino, por lo que el cuerpo femenino musculado es sinónimo de "marimacho". Esto trae como consecuencia que numerosas deportistas de élite (Florence Griffith, Serena y Venus Williams) cuyos modelos corporales transgreden los canónes preestablecidos socialmente, den a conocer "su lado femenino" a través de sus uñas esculpidas, pelo largo y suelto o una espectacular vestimenta.

Por lo tanto y para concluir, vemos como todos estos estereotipos y actitudes han conseguido que las chicas no practiquen actividad física o la abandonen cuando llegan a la adolescencia, lo cual no ocurre con los chicos. Por tanto, el profesorado de educación física, las familias y la sociedad en general, debemos tomar conciencia de la situación y poner nuestro granito de arena para propiciar que se produzca el cambio de mentalidad en la misma, potenciando la creación de hábitos de actividad física saludable sin tener en cuenta el sexo biológico de la persona.

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