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EL DEPORTE ADAPTADO PARA PERSONAS CON UNA DISCAPACIDAD

A día de hoy, la inclusión de las personas con algún tipo de discapacidad en todos los ámbitos de la sociedad es una tendencia que responde a los principios de igualdad democrática y accesibilidad a todos los servicios y recursos disponibles para TODOS, independientemente de las capacidades o características de la persona según su sexo, raza, religión o (dis)capacidad.

El deporte y la actividad física no es ajeno a esta realidad, mucho más abierta a la diversidad y a la igualdad de oportunidades. Tanto desde el ámbito educativo, el deportivo o de entrenamiento, el del ocio o del entretenimiento y el rehabilitador, se tiene ahora más en cuenta todas aquellas manifestaciones que tienden a INCLUIR a sus practicantes, independientemente del nivel o capacidad. Cada día estamos más acostumbrados a ver como los alumnos/as con algún tipo de discapacidad asisten a los centros escolares ordinarios (LOGSE, 1990), como las instalaciones deportivas se adaptan para ser accesibles a todos sus usuarios, como el deporte adaptado tiene mayor cabida en los medios de comunicación o como en los estudios o cursos de las diferentes especialidades deportivas (o incluso, en las titulaciones universitarias) se tienen en cuenta aquellos aspectos que contemplan esas actividades físico- deportivas en relación a toda la diversidad que pueden presentar los practicantes, incluidos aquellos con una discapacidad.

Una persona con discapacidad no es una persona enferma. Bien es cierto que han de tenerse en cuenta una serie de consideraciones según el tipo de discapacidad que se posea. Por supuesto es necesario que exista un seguimiento médico (como en cualquier otro deportista) y un INTERÉS claro por parte del responsable de la actividad (ya sea profesor, entrenador, monitor, etc) para hacer accesible la actividad físico deportiva a la realidad de la persona, con o sin discapacidad. Muchas veces ese interés ha de ser apoyarse en una adecuada formación y una disponibilidad de medios adecuada, pero podemos decir, a buen seguro, que el interés del responsable en incluir a TODOS los participantes es el motor de la inclusión real y efectiva.

Deporte y discapacidad parecen términos opuestos, pero no es así. Cuando pensamos en deporte, quizás pensamos en las Olimpiadas, y cuando pensamos en discapacidad, pensamos en alguien en silla de ruedas. Esto no es así. Entre ambos extremos está toda una amalgama de posibilidades que hace que el deporte sea uno de los factores que más benefician a las personas con discapacidad. Entre ellos podemos destacar los beneficios a nivel físico, psicológico y social. Quizá estos últimos sean lo que más hemos de destacar, ya que el deporte y la practica inclusiva es un ejemplo vivo de inclusión de estos colectivos en la sociedad, en este caso a través del juego, el deporte o la actividad física. Además, la práctica deportiva hace que llevemos nuestras capacidades (no sólo físicas) hasta el máximo, lo que proporciona una idea de las limitaciones, pero también de las posibilidades: nos conocemos más y mejor. Esto es especialmente importante en aquellas personas que no han tenido una serie de experiencias vitales positivas respecto al deporte. ¿Quién no se ha sentido importante de pequeño al destacar o ser protagonista en una situación de éxito en un juego o deporte determinado?. Los niños y niñas con alguna discapacidad no deben quedarse fuera de sentir y vivenciar estas experiencias.

La discapacidad puede adoptar muchas formas y el grado de afectación varía muchísimo de una persona a otra. No hay una persona con discapacidad igual a otra, incluso aun con la misma causa u origen. Podemos destacar:

  • Discapacidades físicas: aquellas que afectan al aparato locomotor del individuo. Entre ellas encontramos lesión medular, parálisis cerebral (puede tiene porque afectar a la capacidad intelectual), espina bífida, poliomelitis, amputaciones de diferentes causa, esclerosis múltiple, etc.
  • Discapacidades sensoriales: sobretodo son aquellas que afectan a la visión (ceguera, y mucho más comunes, las deficiencias visuales) y al oído (sordera y, mucho más comunes, hipoacusias).
  • Discapacidades intelectuales: aquellas que afectan a la capacidad de procesar la información: determinados síndromes (como el de Down), oligofrenia, parálisis cerebral con afectación intelectual, trastornos de espectro autista, etc.
  • Discapacidades o trastornos de tipo orgánico: asma, diabetes, afecciones cardíacas, respiratorias, etc.

El deporte adaptado nació como una modificación (o adaptación) del deporte normalizado, cuando éste fue practicado por personas con discapacidad. Un ejemplo puede ser el baloncesto en silla de ruedas, donde las reglas casi ni se modifican (mismo campo, mismas canastas), sólo para decir cómo ha de ser la silla y como se tiene en cuenta la capacidad de movimiento de la persona, independientemente de la lesión. El deporte adaptado es una manifestación hoy día conocida más que nunca, si bien pocas son las personas que se acercan a él, la mayoría de las veces por desconocimiento, no saben que pueden practicarlo. Alrededor del 30% de la población practica un deporte o actividad física, pero sólo el 2% de la población con algún tipo de discapacidad lo practica. ¿Por qué es esto si esta demostrado, incluso científicamente, que es más beneficioso si cabe para estas personas?.

Esperamos que estas reflexiones sirvan para animar a todos a acercarse al deporte desde un punto de vista más accesible y, para aquellos con alguna discapacidad, os animamos a practica deporte...lo principal es que te diviertes!.

Javier Pérez Tejero.

Profesor de la Facultad de Formación del Profesorado y Educación, Universidad Autónoma de Madrid.

Doctor en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte.

Master Europeo en Actividades Físicas Adaptadas.

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