DECALOGO DE LOS PADRES Y MADRES DEL DEPORTISTA
Javier Jiménez, Jorge Belloso, Oscar Martinez de Quel (Licenciados en Educación Física)
Si las semanas anteriores hablábamos de cómo debe comportarse los entrenadores y deportistas, esta semana
abordaremos el como deben actuar los padres de nuestros deportistas.
Como padres y madres, todos buscamos que nuestros hijos evolucionen al máximo en las diferentes facetas de
la vida, para ello buscamos una serie de actividades en las que apuntarlos y
aquí comienza una difícil tarea: ¿Qué es lo mejor para mi hijo/a?, ¿Qué le
aporta cada una de ellas?, ¿Cuál se ajusta más a su edad o particularidades?,
más aún: ¿Cómo debemos enfrentarnos a la actividad que realiza nuestro hijo con
sus éxitos y fracasos, con sus alegrías y frustraciones?.
Vamos a intentar reflexionar sobre alguno de estos aspectos, en ningún caso pretendemos dar unas normas de
actuación o sentar unas bases sobre lo que está bien o mal. Nuestra pretensión es abrir puntos de vista desde nuestra perspectiva como profesionales de la
actividad física.
- La elección de la actividad debe realizarse teniendo en cuenta que la educación de nuestro hijo/a debe ir desde una
formación amplia, variada y multidisciplinar a una formación cada vez más específica encaminada en
función de sus preferencias. Cada modalidad tiene sus particularidades, sus puntos a favor y sus limitaciones. Debemos plantearnos que le aporta para su
aprendizaje y desarrollo físico, motriz, psicológico y social.
- Tener en cuenta a los protagonistas. Es fundamental que tomemos todas las decisiones junto
con nuestro hijo/a, permitiéndole que pruebe, que busque, y que cambie si no le gusta, los errores son parte del propio camino que siempre aportaran algo
dentro de su evolución. Ahora bien no debemos confundir esta búsqueda con la inconstancia, la falta de iniciativa o una forma de evitar el esfuerzo y el
compromiso.
- Implicarse en la actividad de nuestro hijo, pero dejando actuar a los técnicos, respetando y
apoyando sus decisiones. Una vez que hemos confiado en unos profesionales hemos
de saber mantenernos al margen, informados, colaborando cuando sea necesario,
pero sin entrometernos en su actuación.
- Ser pacientes en su evolución, que pase por las diferentes fases en su desarrollo motor, ya
vendrán los éxitos deportivos si tienen que venir y si ese es su deseo. Se
puede ver con demasiada frecuencia a padres con un interés exagerado por
convertir a sus hijos en deportistas profesionales, sometiéndolos a una carga
física y psicológica excesiva para su edad.
- Ser humildes, no debemos magnificar los trofeos. Hay que tener en cuenta que nuestro hijo/a
no es el único, no es indispensable para el equipo, no es el mejor, ni probablemente conviene que lo sea. Debemos de tener cuidado de no proyectar en
el niño nuestros deseos o nuestras frustraciones.
- Potenciar el juego limpio. Si bien esta claro que en el deporte existe competitividad,
aún más, la competición es una parte fundamental de todos los deporte y que no
tiene ninguna lógica ser condescendiente con nuestro oponente. Debemos
relativizar esta oposición limitándola al terreno de juego y siempre bajo unas
normas, éticas y propias del deporte. Las actitudes agresivas por parte de los
padres fomentan la violencia en el juego y la falta de respeto por las normas.
¿Qué sentido tiene ganar sabiendo que hemos hecho trampas?, ¿Cuál es el mensaje
que están recibiendo los niños/as?.
- Apoyar, respaldar y motivar a nuestro hijo/a. Todos sabemos lo difícil que es estar
siempre dispuesto y motivado para seguir esforzándonos, es importante que el
padre este ahí en los momentos difíciles. Ahora bien no debemos confundir esto
con solucionarle los problemas o evitarle las situaciones difíciles,
enfrentarse a ellas le hará madurar y prepararse para la vida.
- Inculcar el trabajo y la dedicación para conseguir los objetivos. En la sociedad actual, sobre
todo a través de los medios de comunicación, se potencia la idea de que se
puede conseguir el éxito fácilmente, se nos muestra una imagen de los “héroes
deportivos" distorsionada sin tener en cuenta que repercusiones pueden
tener en sus pequeños seguidores. Los padres tenemos aquí una importante labor
educativa evitando magnificar a los deportistas y fijando los valores positivos
que puede trasmitir.
- Hacer que el deportista se sienta valorado. Es muy importante para los deportistas
mostrar sus logros a las personas queridas, ahora bien no debemos ser
excesivamente rígidos para no crear una excesiva tensión en el niño/a por
hacerlo bien. Resalta los aspectos positivos, la mejora personal y colectiva, y
no solo el resultado obtenido.
- El padre como espectador evita realizar juicios de valor precipitados ante la actuación de árbitros y entrenadores,
¿de qué sirve actuar en ese momento?, resulta mucho más interesante y
enriquecedor para todos recapacitar en casa y dialogar sobre lo ocurrido con el
entrenador, árbitro,… y con nuestro hijo/a. En todo caso siempre debemos
anteponer la educación de nuestros hijos, y ciertamente un padre gritando fuera de sí o pegándose con el árbitro
es un pobre ejemplo para ellos.
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