Logo Fundación Rioja Deporte
Imagen cabecera sección

Modelos de deporte escolar.

Finalidad y contenidos de una práctica deportiva escolar alternativa.

Los valores educativos y deporte escolar.

En el ámbito educativo, se reconoce que la actividad deportiva es uno de los mejores instrumentos de socialización y desarrollo integral de los escolares; ya se realice en horario escolar (educación física) o en tiempo no formal (deporte extraescolar o para escolar), a partir de los valores que se desarrollan desde esos diferentes escenarios. No obstante, los agentes sociales y educativos, responsables del deporte escolar, deben estar alertas al desarrollo de qué valores y actitudes se vienen fomentando desde una sociedad neoliberal y que repercuten en dicha práctica.

Una de las primera decisiones a tomar, antes de diseñar un programa de actividad físico-deportiva en el horario extraescolar, es diferenciar entre una práctica de deporte escolar basada en el modelo federativo de competición, actualmente considerada como hegemónica,donde prima la búsqueda de rendimiento, el resultado, etc.; de una práctica deportiva recreativa, con un alto componente lúdico, donde apenas tieneimportancia el resultado. Este modelo de proceso no busca la especialización prematura, potenciando un desarrollo integral de las capacidades de los practicantes, etc.

Esta cuestión se ha de tratar en el centro escolar, y por tanto con la presencia de los diferentes agentes educativos y sociales, analizando qué tipo modelo deportivo o de prácticas deben fomentarse en la escuela, siendo objeto de debate qué intereses mueven cada una de esas prácticas (competitivas o recreativas); sin olvidar que detrás de cada una de ellas hay diferentes valores y finalidades educativas, con una clara incidencia en aspectos como la salud, la participación coeducativa, la selección-discriminación, la relación democrática entre educador y participantes, el fomento del consumo de materiales deportivos, etc.

Es evidente, que tanto los educadores como la mayoría de las familias consideramos que el tipo de práctica a realizar, por los escolares en la etapas iniciales (periodo coincidente con la educación primaria), debe ser una actividad física y deportiva moderada, que favorezca un desarrollo orgánico-muscular; evitando, en lo posible, situaciones de alta exigencia física y de agonismo, que pueda generar conductas físico-deportivas no saludables.

Sobre la conveniencia o no de la competición en las etapas escolares, autores como: Petrus (1997) y Solar (1998), entre otros, entienden que la acción de competir es innata y, por tanto, los educadores deben canalizarla a través del deporte. Desde un planteamiento alternativo, Martínez y Buxarrais (1999) analizan el papel de la competición escolar desde dos puntos de vista: Por el lado negativo, cuando no se respetan las normas, rompiendo la equidad inicial que debe marcar estas prácticas. Aunque también, la competición puede ayudar como medio de superación personal, gracias a una intervención educativa del entrenador.

Desde una visión crítica, (Fraile y Otros,1998), cuestionamos la visión del deporte escolar como reproducción de los valores dominantes de una sociedad neoliberal, y que se aprecia en: la organización jerárquica del grupo-equipo, el autoritarismo del entrenador, la exigencia de rendimiento deportivo, la búsqueda de victoria por encima de todo, etc.; y como alternativa, consideramos la necesidad de incorporar: la atención a la diversidad, la no discriminación, la importancia del proceso más que de los resultados, la educación integral desde la actividad motriz, etc.

Coincidimos con Blázquez (1996) y Devís (1995), al considerar que no se pueden atribuir valores educativos intrínsecos al deporte, ya que éstos surgirán solamente si sus actividades responden a la mejora de la educación moral.En el estudio a los participantes en el deporte escolar, de Fraile y Otros (2001), concluimos que el modelo competitivo posee un carácter más segregador que el recreativo, pues su alta exigencia físico-técnica hace que muchos de ellos vayan quedando fuera de la actividad; mientras que la actividad recreativa facilita la participación de todos. Asimismo, se recoge cómo las niñas se sienten discriminadas en la práctica deportiva escolar, por sus bajas expectativas hacia la competición, llegando la actividad competitiva a influir negativamente en valores como la cooperación, el resto y la solidaridad entre los escolares participantes.

Si apostamos por una actividad física saludable, debemos crear un escenario donde se desarrolle una práctica deportivo-recreativa basada en el disfrute y en el bienestar corporal, en la que se favorezca la participación de todos, respetando unos principios democráticos que les facilite a los escolares poder expresarse en libertad, desde sus singularidades. También dicha práctica debe atender una educación en valores morales como son: el respeto a uno mismo, a los otros y al medio ambiente, la tolerancia, la convivencia, la igualdad y la solidaridad. A fomentar desde unas buenas relaciones entre educador y participantes, y que se reflejarán en la manera: de comunicarse, de organizar las prácticas deportivas, de escuchar y de dialogar, de respetar la dignidad de los participantes. Esta debe desarrollarse a través del diseño negociado de normas de convivencia y de relaciones entre los componentes de la comunidad educativa. Haciendo que los escolares puedan elegir libremente su práctica deportiva, después de pasar por diferentes prácticas polideportivas.

Otra de esas finalidades será el desarrollo de la dimensión emocional del alumnado, como un elemento de bienestar social. Para ello, trataremos que la educación de los afectos vaya conectada al aprendizaje de otro tipo de conocimientos. Para Rogers (1972), los buenos educadores deben ser capaces de comprender los significados y sentimientos del alumnado, siendo sensibles hacia sus actitudes.

Desde un modelo deportivo democrático, se ha de enseñar a nuestro alumnado a cómo participar en la sociedad, educándoles para que sean más libres y autónomos. Hace tiempo Dewey (1995) cuestionaba que el escenario educativo fuera siempre facilitador de valores educativos, considerando que no siempre era prioritario entre los educadores crear entre los sujetos un interés por lo social. Por tanto, los propósitos educativos no siempre favorecían una educación democrática, desvinculando los aprendizajes escolares de las experiencias diarias.

Esa misma cuestión se puede atribuir a los responsables de las actividades físicas del medio escolar. Por tanto, consideramos como un aspecto esencial que los entrenadores asuman el papel de educadores a partir de favorecen una relación democrática con los participantes, animando a cumplir unos principios básicos democráticos como: favorecer el acceso a la práctica a todos los escolares sin distinción de edad, género, condición física, nivel socio‑económico y cultura, etc.; que facilite no sólo una acción de desarrollo personal y social, sino que ayude a los participantes a responsabilizarse de forma autónoma en la toma de decisiones, como ciudadanos además de deportistas.

Fundación Rioja Deporte: Palacio de los Deportes de La Rioja (Avda. Moncalvillo, 2) Tel: 941 58 66 66 - Fax: 941 58 88 08