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Daniel Lapresa Ajamil - Doctor en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte

Javier Arana Idiakez - Licenciado en Psicología. Especialista en Psicología Deportiva

De todos los estudios sobre lateralidad se desprende una conclusión: la indefinición en la lateralización está caracterizada como una señal de inmadurez psicomotora. Según estudios del Instituto Médico del Desarrollo Infantil (2000), se calcula que entre un 20 y un 30% de la población llega a la edad adulta sin una lateralidad bien desarrollada.

En el ámbito escolar, en las edades correspondientes a Educación Infantil y primer ciclo de Educación Primaria, la lateralidad del niño es controlada y condicionada directamente tanto en el aula como en el espacio de psicomotricidad y posteriormente de Educación Física. Sin embargo es un contenido que, en general, tienen en cuenta muy poco los monitores-educadores de categorías inferiores.

Hasta los 3-4 años no es necesario un condicionamiento lateral del sujeto en uno u otro sentido. Por el contrario, es conveniente que el niño desarrolle armónicamente ambos lados de su cuerpo mediante la utilización indistinta de ambos hemisferios corporales en la realización de una gran variedad de habilidades motrices acordes a la edad del sujeto.

Pero ya a partir de los 3-4 años se produce un condicionamiento lateral genético sobre la actuación lateral del individuo en el medio. Por lo tanto, en las categorías pre-benjamín y benjamín el monitor-educador ha de ser el responsable de dotar de un entorno adecuado de práctica a cada uno de sus jugadores, a partir del establecimiento de ejercicios y consignas que contribuyan a reforzar su proceso madurativo de lateralización.

No obstante para poder actuar sobre el entorno del niño previamente el monitor-educador ha de tener claro en que estado se encuentra el desarrollo lateral de los niños a su cargo. En este sentido la determinación de la lateralidad corporal del sujeto -por lo general con mano/pierna nos basta en el ámbito deportivo-, así como del grado de impregnancia lateral se realizará mediante:

  • Observación directa del comportamiento motor del niño.
  • Entrevistas con el jugador, así como con familiares y/o docentes.
  • Pruebas de lateralidad.

Si existe un predominio evidente de derecha sobre izquierda o viceversa en los diferentes segmentos podemos hablar de una fuerte carga genética -prevalencia- lateral, que se ha correspondido de una determinada preferencia lateral y que es una buena señal del grado de afianzamiento de la lateralidad del niño.

Sin embargo si su condicionamiento genético lateral es bajo será necesario condicionar la práctica del sujeto para afianzar la lateralidad de sus diversos segmentos, en función del diseño lateral que las diferentes pruebas de lateralidad nos indiquen como prevalente.

Una vez que hemos constatado el afianzamiento de la lateralidad en el niño es el momento de iniciar al deportista en el automatismo de las habilidades técnicas y tácticas bajo la perspectiva no dominante. En este momento el sujeto puede alcanzar unos elevados niveles de eficacia tanto con su lado dominante como con el no dominante alcanzando una supradextralidad que conlleva unas cotas de eficacia motora que podemos denominar de equilateralidad, lo que supone que se ha completado con éxito el proceso madurativo de lateralización. Es curioso que en la cultura deportiva popular se caracterice como “ambidiestra” a aquella persona que presenta un elevado nivel de destreza con ambas piernas, cuando el ambidiestro es aquel que presenta dificultades en la realización coordinada de movimientos con ambos segmentos -derecho e izquierdo-, así como dificultades en su organización espacial.

Derivado de lo anterior en el deporte está muy arraigada la costumbre de obligarle al niño a realizar las acciones técnicas con ambas manos y piernas. En el caso de un niño de una gran impregnacia lateral -diestra, zurda o cruzada-, este condicionamiento no alterará demasiado la eficacia del proceso de lateralización pero al niño confuso puede conducirlo a aumentar aún más su zozobra motora. Los problemas más frecuentes que vienen asociados a una deficiente lateralización son:

  • Dificultad para realizar el aprendizaje de nuevas habilidades motrices así como para elevar el grado de destreza en su realización previa automatización de dichas habilidades.
  • Enlentecimiento de la velocidad de reacción y de acción debido a la falta de conjunción entre los dos hemisferios cerebrales que responden sin jerarquización provocando situaciones de ineficacia y desorden, lentitud e indecisión.
  • Pérdidas importantes de atención de los estímulos del juego al tener que prestar mayor concentración a su ejecución motora.
  • Dificultades en la organización espacial debido a la inversión del sentido del ordenamiento de las coordenadas básicas del espacio. En este sentido, y esto es importante de cara al posicionamiento de los jugadores en el terreno de juego, hay que recalcar que si un niño tiene bien organizada su lateralidad no le costará mucho adaptarse a una situación de juego diestra o zurda. No obstante si el niño no madura correctamente su organización lateral se convierte en un candidato al fracaso frente al aprendizaje y a la adaptación a diversas posiciones tácticas.



Lógicamente todo lo anterior deriva en una sensación de inseguridad en el niño que se traduce en una progresiva inhibición y consecuente desmotivación de las actividades de entrenamiento y competición, así como en el posterior abandono de la practica deportiva.

Sirva el presente artículo, tan solo una pincelada sobre un tema muy complejo, para concienciar a los monitores-educadores que trabajan con estas edades de la relevancia de tener en cuenta el proceso de lateralización de los niños a su cargo.

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